Te enrojeces con el calor, con el ejercicio, con una copa de vino, y piensas que tu piel es simplemente sensible. Pero a veces ese rojo no se va. Se queda, aparecen pequeños vasitos visibles, y cualquier producto nuevo parece empeorarlo.
No siempre es sensibilidad pasajera. Puede ser rosácea, una condición inflamatoria que necesita un manejo distinto al de una piel reactiva puntual. Tratarla como si fuera lo mismo suele ser la razón por la que nada parece funcionar.
No se trata de evitar todo y no hacer nada. Se trata de identificar qué la desencadena en tu caso y construir una rutina que calme la piel en vez de irritarla más.
En Korpobell diferenciamos cada tipo de piel reactiva antes de proponer ningún tratamiento, porque no todas las rojeces se tratan igual.
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